No hay leyendas cuando las buscas

Estoy fallado hace rato, y lo peor de todo es que con el tiempo, ese maldito roedor craneal que te corroe las entrañas, te termina gustando. Por extraño que no sea. Arruinarse.

Objetos

Podes tener todo y ser todo. Podes tener nada y ser nada. Trasciende en realidad: Cuando tuviste todo y lo cambiaste por nada. Cuando tuviste nada, y sin embargo era todo. A veces todo, implica solamente entender, la nada. Si hay que reír reímos Si hay que llorar lloramos. Pero nunca entendemos nada. Tengo: Un vulgar pedazo de papel que mutila mi juventud. Más penas que años, pero poco odio. Un poco de silencio que pasea por mi cuerpo encerrado en palabras, en idiomas que rara vez comprendo. No se pueden tasar las miradas, o comprar el olor a comida desde la puerta de tu casa. Llegamos a un punto decadente, un punto donde podemos comprar todo. Se compra el sexo, pero andá a encontrar una que te coma con la mirada mientras cocinas. Y el amor también, si se ha vuelto una prostituta. Una degenerada adicta a la adrenalina yendo sin frenos por una avenida. El amor se compra, pero solo la versión beta. Si el hombre se atormenta es mejor que: sobren libros, falten recuerdos, encuentre las botellas, cargue las cubeteras. Abrace el silencio en medio de la multitud. Negocie solamente con el hígado y le suba el volumen a la tercera persona. Si el hombre se haya así mismo es mejor que aprenda: Los pies desnudos son alegría, un volver al patio. Los ojos de una mujer enamorada son el brillo que no genera ningún diamante. La sonrisa de un niño pateando una pelota de trapo es la alegría, la espontaneidad consagrada. El orgullo de un viejo enseñándole al nieto. Símbolo de sabiduría. El oxímoron del amor Esa plenitud que destruye. Cenizas de los cuerpos que una vez anidaron. La relación del amor con el fuego es perfecta como la relación de la ceniza con el desamor. ¿Por qué son cenizas lo que queda luego del fuego? Porque se vuelan con el viento, porque el fuego es uno solo. La combustión química es la misma, siempre diferente. Las cenizas, como ya se sabe, apagan al fuego. ¡Y qué fueguitos ni qué ocho cuartos! O arden hasta consumirse, o mueren congelados. Resolver ecuaciones sentimentales con un poema. Aprender a extrañar sin querer regresar. Aprender a desquerer. Queriendo.

Aprender a extrañar sin querer regresar. Aprender a desquerer. Queriendo.

Todo en 24

Ojalá vaticinase los errores, no como para no cometerlos. me gusta el cliché del aprendizaje, sobre todo en las noches etéreas. En las que soy mi propia víctima del victimario YO que destruye la calma. Espero no reconocerme en los reflejos. Hoy no quiero hacerlo. Iba a decir: “Tengo días repugnantes” Pero mirá la audacia que uno construye… Echarle la culpa a algo tan objetivo como el tiempo. Los prejuicios divididos por el miedo me dan empleado estatal de clase media que compra tostadora eléctrica, como tapón depresivo. Créditos bancarios cargados de ilusiones. Sales aromáticas, Punta del Este una semana, en 24 cuotas, 24 meses atado a un trabajo que ni siquiera te hace reír. Colores fluo para contrastar la lobreguez devastadora de sus días. No habrá guiño ni mueca hoy, no puede haberla. Yo no sé cómo hacen, los envidio de una forma extraña. Traicionarse a diario es matarse de certidumbre. Asesinar la posibilidad aunque efímera fuese, es no jugar, porque existe la chance de perder. Y hay demasiados que todavía no pudieron descifrar la gratitud del sopapo. El vuelto, el costo, el precio. Todo eso nos mantiene en una vigilia involuntaria. Desagradable es hallarse entre madrugadas, exaltados ante la inestabilidad del sueño. Pero ojo, después tenemos plata. Y podemos tomar pastillas para dormir con la guita que adquirimos por vender las ilusiones en el día. Quisiera ver los errores para cometerlos, pero evitar herirme de muerte y tener que nacer tanto, tantas veces que ya no sé quién soy. Me falta ser burgués para ser existencialista. Me sobra lucidez para saber que soy uno más. Y aún así, aceptarse, es cuestión de 24 horas. Quiero un disfraz, pero ya probé muchos y ninguno me sienta. Ni siquiera el de psicópata de alquiler. Aunque en el fondo, una laguna traslúcida, la infaltable masturbación mental. Algunas palabras acopladas, media docena de mujeres en la cama, la comodidad que ensordece, y ya uno se piensa un mesías. Todos mesías, todos gurúes, todos idiotas.

Todo en 24

Ojalá vaticinase los errores, no como para no cometerlos. me gusta el cliché del aprendizaje, sobre todo en las noches etéreas. En las que soy mi propia víctima del victimario YO que destruye la calma. Espero no reconocerme en los reflejos. Hoy no quiero hacerlo. Iba a decir: “Tengo días repugnantes” Pero mirá la audacia que uno construye… Echarle la culpa a algo tan objetivo como el tiempo. Los prejuicios divididos por el miedo me dan empleado estatal de clase media que compra tostadora eléctrica, como tapón depresivo. Créditos bancarios cargados de ilusiones. Sales aromáticas, Punta del Este una semana, en 24 cuotas, 24 meses atado a un trabajo que ni siquiera te hace reír. Colores fluo para contrastar la lobreguez devastadora de sus días. No habrá guiño ni mueca hoy, no puede haberla. Yo no sé cómo hacen, los envidio de una forma extraña. Traicionarse a diario es matarse de certidumbre. Asesinar la posibilidad aunque efímera fuese, es no jugar, porque existe la chance de perder. Y hay demasiados que todavía no pudieron descifrar la gratitud del sopapo. El vuelto, el costo, el precio. Todo eso nos mantiene en una vigilia involuntaria. Desagradable es hallarse entre madrugadas, exaltados ante la inestabilidad del sueño. Pero ojo, después tenemos plata. Y podemos tomar pastillas para dormir con la guita que adquirimos por vender las ilusiones en el día. Quisiera ver los errores para cometerlos, pero evitar herirme de muerte y tener que nacer tanto, tantas veces que ya no sé quién soy. Me falta ser burgués para ser existencialista. Me sobra lucidez para saber que soy uno más. Y aún así, aceptarse, es cuestión de 24 horas. Quiero un disfraz, pero ya probé muchos y ninguno me sienta. Ni siquiera el de psicópata de alquiler. Aunque en el fondo, una laguna traslúcida, la infaltable masturbación mental. Algunas palabras acopladas, media docena de mujeres en la cama, la comodidad que ensordece, y ya uno se piensa un mesías. Todos mesías, todos gurúes, todos idiotas.

Traicionarse a diario es matarse de certidumbre.

La ambigüedad de la luz

Reconocerte entre los errores, verte escondida detrás de un escote. Dolida porque los cortejos no te colman ni te llenan. Séquitos como caramelos masticables. Hermosa: te quieren por tus tetas, aunque mucho te esfuerces y leas para ocultarte. No te confundas, eso no es más que un hábito. Y darse cuenta, y que te des cuenta. El miedo es la certidumbre, lo llano, la hora exacta, vacilar los impulsos, remar a favor de la corriente. El desvelo en la madrugada, el manotazo al vacío en la oscuridad sabiendo que no habrá nada… Eso es el miedo. Todos pueden hacer fideos con salsa, pero muy pocos soplan la cuchara para hacer probar el tuco. No te confundas, eso va mas allá de cocinar. Es decir, podés saber todo sobre una persona Pero todo nunca es todo. Ni siquiera un poco. Y hay mucho que no se enseña tampoco. Ni mirando o leyendo. Yo tuve una vida de mierda, es decir, tuve mucha suerte. Mucha gente cree tener suerte, es decir: un laburo con cinco cifras, una pareja bonita, un dos dormitorios la aprobación del entorno. Pero eso no es suerte no puede serlo. ¿Cómo puede ser suerte alcanzar objetivos que ni propios son? ¿En qué mundo la aprobación ajena se impone sobre las obsesiones? Y no me refiero justamente a cogerte a la panadera de 19 años. ¿Desde cuándo la mediocridad y la vulgaridad son pilares ineludibles para la constitución de esta sociedad? Números dislocados, todas intrascendencias. Si estudiar una persona es tener una relación. Si con conocer las fórmulas basta. Si pensás que eso te va a dar las respuestas a las preguntas que ni por miedo te hacés. Todo es simétrico. Muere la luz, muere la sombra.

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